Finalmente estoy completamente de vacaciones. Los resultados de este ciclo en la universidad no fueron los esperados, pero uno solamente puede aprender de los errores y seguir adelante.
He estado revisando mi lista de pendientes para buscar actividades para hacer durante estas vacaciones. La lista es bastante grande, el resultado de todas las cosas que he aplazado durante el año. Siento que no esta todo lo que realmente tengo que hacer estas vacaciones, pero es un comienzo.
La mayor parte de mi atención será para los proyectos de MoonDragon y tuApp.net. Ambos proyectos han quedado estancados en el último mes del ciclo y necesitan una bocanada de aire fresco, renovarse en algunos aspectos y seguir adelante.
Hay otras cosas más oscuras que han ido quedando relegadas durante varios meses. Esta es una buena oportunidad para empezar, o retomar, estas actividades que se han ahogado con el día a día, y no han tenido oportunidad de desarrollarse.
Espero que estas sean unas vacaciones realmente provechosas, que aporten positivamente a muchas de las cosas que quiero realizar.
La derrota es parte esencial de la vida. Te hace valorar lo que tienes y reflexionar sobre el camino que estas tomando. A veces hay cosas que son tan cotidianas, que no logramos darnos cuenta que nos estorban.
Como humanos, es normal que nos relacionemos con otras personas. No podemos hacerlo todo por nosotros mismos, pero trabajando juntos podemos lograr grandes cosas. A veces, lo más difícil es conseguir con quien trabajar. Y cuando encuentra a alguien en quien confías, no quieres dejar fuera a esa persona de los proyectos que quieres realizar.
Es triste tener que darte cuenta de que alguien no esta aportando nada a tus proyectos. Y peor aún, esta estorbándote y causándote problemas innecesarios.
Puedo considerarme una persona solitaria. Quizás por eso mismo es que valoro tanto la compañía de algunas personas. Pero ya he sido muy paciente, y he aguantado suficientes inconvenientes. Es mejor remontar vuelo solo.
Al menos, se que la compañía más importante que pueda necesitar, siempre estará conmigo.
Me he quedado con algunas ideas sueltas que no han logrado concretarse en algo que escribir. Demasiada información, ese sigue siendo mi estado actual.
Hace seis meses quise hacer un análisis de la primera mitad del año, viendo mis resultados y evaluando que tanto éxito había logrado tener. Al final se me escapo de entre las manos. A finales de año, siento que no tengo tanto que decir como para hacer un análisis exhaustivo, pero si hay algo importante que tengo que sacar de mi mente.
Veo que aún no logro todo lo que me propongo, y muchas cosas se quedan solo en el intento. Me he estado preguntando el porqué, y creo que he llegado a una conclusión: yo no me involucro, dejo que las cosas sigan su curso y trato de interferir lo menos posible.
No me involucro ni siquiera conmigo mismo, ni con mis proyectos más importantes o las cosas que me afectan directamente. Solo me gusta dar la dirección, planear la ejecución, dar el primer paso, y que luego todo caiga por su propio peso.
El mundo es demasiado grande, hay demasiadas cosas por aprender, no puedo yo con todo. Esa es una verdad que he aprendido. Pero mi capacidad, el saber hasta donde puedo llegar, es algo que aún no he podido medir, y siento que todavía me he quedado demasiado abajo.
Esta es una idea incompleta, aún falta más por explorar… pero quiero escribirlo… para luego saber en donde continuar.
No he podido escribir en estos días debido a la gran cantidad de información que no lograba terminar de digerir en la última semana y media. Todavía en este momento tengo la mente un poco congestionada, y la mayoría de mis formas de organizarme tradicionales, como la lista de tareas, siguen estancadas esperando que logre poner en orden mi cabeza.
Una de las cosas más interesantes de la vida es que uno nunca sabe que esperar. Cuando todo parece estar bien, pasa algo que desbalancea todo. Cuando parece que nada podría estar peor, las cosas se ponen peor. Pero a veces, pareciera que alguien enderezara el mundo de un solo brochazo, dejando todo donde se suponía que tenía que estar.
Los cambios siempre son duros, sobre todo cuando ya empezaste a acostumbrarte a una mala situación, has hecho tus nuevos planes y te has adaptado. Luego, vienen y te dicen que eso no era necesario, que puedes seguir como antes, pero que tienes que deshacer todo lo que ya habías rehecho porque son cosas que no deberían de estar ahí.
Después de una semana, el mareo ya se me esta quitando y es hora de seguir adelante. Las cosas vuelven a la normalidad, aunque hay que aclarar: hay una nueva definición de normalidad a la que todavía no me acostumbro del todo.
Ahora que ya salió lo primero, es solo cuestión de tiempo para poder disipar las nubes dentro de mi mente, y seguir escribiendo con regularidad. Espero.