Jun 30, 2010 3
Isaías Yesemberg
El día de hoy mi papá me dictó este texto, y me pareció interesante compartirlo en el blog:
Conocí a Isaías Yesemberg la tarde lluviosa de este 30 de junio.
Yo manejaba por la carretera que de Sonsonate conduce a San Salvador. Me detuve ante su señal de parada pues el llevaba unos sacos de nylon y me pareció que era un campesino que necesitaba un jalón.
Puso sus cosas atrás, se acerco a mi ventana y me dijo: “Gracias hermanito. ¿Hacia donde se dirige?”. Yo le repliqué: “¿Hacia dónde va usted?”. “A San Salvador, a la capi” me respondió.
Le explique que solo lo podía llevar hasta Santa Tecla, a lo cual accedió.
Le dije que se viniera en la cabina y emprendimos el viaje.
Me contó que venía de buscar trabajo en un cañaveral que iban a cortar (en una época en que la zafra ya ha terminado), pero que no habían llegado los responsables y no le habían pagado.
Dijo que andaba recogiendo botes plásticos, pues con esos hacían “duplicados” y se podían hacer refrescos. Me comentó que consideraba una barbaridad que la gente botara la basura en la calle y no usara los basureros.
Le pregunté de dónde era y me dijo que era italiano, que había estado radicado en Colombia, en Cali y en Medellín específicamente, y también en Panamá. Mencionó que había peleado en contra del gobierno colombiano y que le habían pegado un “plomazo” (hasta me mostró lo que a su juicio era la cicatriz de una bala).
Isaías sabía, según él, hablar italiano (me dijo frases como “bon giorno”), francés, alemán y ruso.
Había estado en México durante los terremotos, también en los terremotos de China. Me contó que después de los sismos los chinos hacían edificios de “estructuras metálicas y vidrio grueso” que se mecían ante las sacudidas porque tenían resortes.
Había trabajado para el FBI, me habló de la CIA. Me dio consejos mercadológicos, pues me dijo que si hacía productos salvadoreños no les pusiera nombres de acá, sino que europeos como “Paco Rabane”, para que la gente me los comprara.
Había estado también en España, en una ciudad llamada “Venecia” (no de Italia) y en otra ciudad mexicana llamada “Mausan”.
Me habló sobre las sustancias llamadas “mumíferas” que se le ponen a las bebidas y que pueden volver loca a una persona, pues son como mezclar veinte licores juntos. Me citaba supuestos textos de la “Biblia de Jehová”, pero también me dijo que era muy devoto de las vírgenes y los santos, y que no cambiaba “mil mujeres lindas” por una virgen o un santo.
Habló sobre “desastres eclípticos”, sobre la catástrofe que viene de no aceptar que provenimos de otros planetas. Mencionó batallas entre mujeres extraterrestres blancas de “piernas delgaditas y cabeza grande”.
Lo escuché y dialogue con él por espacio de unos 35 minutos. Lo hice con respeto pues se trataba de un ser humano, y también con fascinación pues me permitió asomarme a otra dimensión de la vida, a un mundo paralelo al nuestro, o tal vez no tanto, pues en realidad presenta más puntos de confluencia de lo que pensamos.
Vestía una gruesa y sucia “chumpa” impermeable. Tenía un pañuelo amarrado a la cabeza.
Claro que no era italiano. Ni siquiera podré saber su verdadero nombre, pero ¿que más da?. Su mente desatada podía viajar por Europa, Suramérica o incluso por lejanas galaxias.
Lo dejé en Santa Tecla. Le di un par de dólares para el transporte.
Cuando se despidió me dijo: “Gracias Carlos” (nunca le dije mi nombre1). Casualidad tal vez o una mágica intuición que quizás tienen los que consideramos dementes, pero que tal vez son más cuerdos que muchos que cometen barbaridades hoy en día.
Dios bendiga a Isaías Yesemberg y a todos los que son como él.
1 El nombre de mi papá es Carlos