Cuando era niño, recuerdo que jugaba a menudo con los niños de mi colonia. Yo era el menor de todos, los demás eran uno o dos años mayores. Uno de mis mejores amigos era más de cinco años mayor.
Hacíamos cosas de niños. Inventábamos juegos, hacíamos obras de teatro y fundábamos clubes. Yo en lo personal fundé clubes muchas veces. Tenían algo que me atraía, aunque nunca me pregunte porqué.
El más exitoso fue el Club para Salvar a la Tierra. Incluso llegamos a hacer nuestras propias camisetas.
Sentía esta responsabilidad de tratar de mejorar el mundo, y me parecía solo natural que mis amigos me ayudaran a hacerlo. Casi nunca me hacían caso, yo era el chiquito. Fundaba el club y los incluía, pero todos hacían lo que querían. Con el tiempo deje de hacerlo.
De adolescente estuve muy involucrado en el movimiento Scout. Fui en más de una ocasión guía de mi propia patrulla. En aquel momento no lo vi, pero fue muy similar a mis clubes de niño. Trate de imponer una mística, que se respetaran ciertas reglas. Pero había algo diferente: dudaba, había perdido confianza en mi mismo.
Al final no tuve mucho éxito en mis patrullas. No tuve la fuerza para hacerlas funcionar como yo quería, ni tampoco funcionaron como los demás esperaron.
A medida que fui creciendo, me fui volviendo más y más solitario. Nunca fui capaz de seguir a nadie, pero cada vez era menos capaz de lograr que otros me siguieran.
Frecuentemente pensaba: no se lo suficiente para hablar de este tema, no les interesa escuchar mi opinión, ellos tienen su manera de hacer las cosas, para que necesitan la mía.
Incluso recientemente trate más de una vez de tener mi propia empresa. Pero fueron intentos débiles, siempre trataba de dejar que alguien más llevara la responsabilidad. Al final terminé convirtiéndome en un empleado más.
Pero el instinto es más fuerte, y no se puede matar fácilmente. Nunca pude solamente seguir y obedecer. Necesitaba algo más.
Mi novia fue una chispa que me invitaba a despertar. Siempre ha estado conmigo, incitándome a dar lo mejor de mí.
Hoy, después de dos meses como líder de proyecto, puedo sentir que todavía hay mucho más que puedo y quiero hacer.
Quiero recordar mis tiempos de niño. Quiero recordar esos tiempos en los que establecía una mística, un propósito.
He elegido un terreno inusual para poder recordar esos tiempos: un juego. No es para cambiar el mundo, es para recordar, es para evaluar, y para desatar los viejos instintos en algo prácticamente inofensivo.
Pero no terminará ahí. Existe un plan. Una visión y un propósito, y las herramientas están a la mano.
Solo hace falta un poco de seguridad, un poco de planificación, y poder liberar una imaginación por mucho tiempo encadenada.
Más allá de lo que puedo controlar. Más lejos de hasta donde he querido llegar. Temiendo solo a mi mismo. No tengo a nadie a quién seguir ni se para donde voy, pero no me detendré ahora.